Mataron a su hija de 16 años y la justicia le da la espalda

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EL ALTIPLANO

Su madre, Lourdes Sahua, vive desde entonces un calvario

Su madre, Lourdes Sahua, vive desde entonces un calvario

La noche del 10 de enero de 2012, en circunstancias que resultan por demás sospechosas, la empleada doméstica Mary Collatupa Sahua, de 16 años, fue cruelmente asesinada con golpes en la cara y posterior asfixia, en su cama, dentro de la vivienda de sus empleadores y sin ninguna razón aparente.

Su madre, Lourdes Sahua, vive desde entonces un calvario debido a la indiferencia general, a su falta de recursos y a la incapacidad del sistema de administración de justicia para decirle, por lo menos, quién mató a su hija y cómo será castigado por la sociedad. El acusado, Walter Alfredo Huertas Perochena, empleador de Mary, fue absuelto el pasado 29 de enero por la titular del juzgado unipersonal de Cerro Colorado, Magaly Navia Ortega, con el argumento de que las pruebas aportadas por el Ministerio Público son insuficientes para atribuir responsabilidad penal.

La fiscal del caso, Jessica Meza, ni siquiera asistió a la audiencia de lectura de sentencia y no apelará hasta volver de vacaciones, en marzo. Tal como la jueza lo da a entender en su resolución, también atribuye el problema al hecho que, ocurrido el crimen, no se actuó con diligencia para recabar pruebas concluyentes de la responsabilidad de Huertas y su esposa, Jessica Casapía, pues las circunstancias que envuelven el crimen son, por decir lo menos, inverosímiles, si nos atenemos a su versión de los hechos.

EL ASESINATO

Según las pericias forenses, Mary murió entre las 10:45 de la noche del 10 de enero de 2012 y la 1:45 de la madrugada del día siguiente. Cuando llegaron los vecinos alertados por los gritos de la dueña de casa, la encontraron con el rostro destrozado, envuelta en su sábana manchada de sangre y la almohada a su costado, con la que la asfixiaron, tras golpearla salvajemente.

Cuando llegó la policía, a las 3:25, no encontraron huellas de fracturas en las puertas ni de deslizamiento (o escalamiento) por la puerta del garaje o las paredes que corroboraran la versión de los dueños de casa de que habían sufrido un robo y habían encontrado muerta a Mary, presumiendo que la asesinaron los asaltantes.

Pero sí hicieron un hallazgo importante: una casaca de polar color azul-celeste con manchas de sangre, estaba en el primer piso y Huertas aceptó que le pertenecía. Además, con reactivos químicos encontraron que habían limpiado restos de sangre, debajo de la cama de Perochena. Muchos meses después, las pruebas de ADN determinaron que la sangre hallada en la casaca del imputado, era la misma que la encontrada en la almohada de Mary.

El principal argumento de defensa de Huertas, sospenchoso principal desde un inicio, es que sufre de ceguera en grado IV por un problema hereditario y en ese tiempo estaba convaleciente de una fractura en el pie. Su abogado dijo que, en esas condiciones, es imposible que haya ejecutado un crimen contra una persona joven.

La versión del matrimonio es que Huertas se despertó a las 3, de sed, por lo que su esposa bajó a traerle una gaseosa. Es entonces que se da cuenta que faltaba un play station y una puerta estaba abierta. Luego constata que faltan sus celulares y se dirige a la habitación de Mary, frente a la cocina en el primer piso, y descubre su cadáver. Entonces grita pidiendo auxilio hasta que llegan los vecinos y llaman a la policía. Huerta permanece en su habitación hasta que llegan los efectivos. No tienen explicación para las manchas de sangre bajo su cama y, respecto a la polera, creen que los asesinos se la pusieron al encontrarla abajo, junto a la ropa sucia.

Un hecho más que tampoco ha llamado la atención de la jueza es que los Huerta Cassapía llamaron primero a su abogado y no a la madre de Mary a quien solo le telefonearon a las 8 de la mañana sin decirle lo que había ocurrido. No le permitieron participar de las diligencias ni le dejaron ver el cadáver. Solo se enteró de la muerte de su hija cuando, en un taxi, la conducían, sin explicaciones, hasta la morgue para el reconocimiento del cadáver.

Lourdes llora tras oír la sentencia, aunque sólo entiende que no sólo quedarán libres de polvo y paja los asesinos, sean o no los Huerta, sino que además, no le concedieron ni un sol de reparación civil tras haber perdido a uno de sus apoyos en la vida, ya que es madre soltera de 3 hijas. Aún tiene una niña a quien mantener y solo tiene empleo eventual de cobradora de combi. Entretanto la familia que se llevó a su hija a servir en su casa y se la devolvió en un cajón, ha dejado la vivienda para siempre, dos días después de lo ocurrido.

El Buho.

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