Alan García: El suicidio como salida moral final

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EL ALTIPLANO

Luis F. Vilcatoma Salas.

Escribe: Luis F. Vilcatoma Salas

El suicidio de Alan García (17/04/2019) ha disparado comentarios y explicaciones de la más diversa naturaleza,  algunos ponderados y racionales como afectivos, y otros, los menos felizmente, de una locura fantasiosa digna de piadosa conmiseración. La característica de fondo en esta explosión de ideas y desgarradas expresiones es que todas, absolutamente todas, desbarran por la más absoluta unilateralidad en parte interesada donde el objeto real de análisis y explicación queda cubierto por una artificiosa capa de especulación abstracta. ¿Cuál es el objeto real de conocimiento en estas circunstancias?: el suicidio de Alan García Pérez, el más alto dirigente del aprismo peruano y dos veces Presidente del Perú.

El contexto inmediato en el cual se ha operado el suicidio es un contexto jurídico-político por todo conocido. Un contexto de investigaciones muy serias y avanzadas sobre la corrupción desatada por el proceso Lava Jato, donde muchas evidencias apuntaban al involucramiento del suicida, alrededor de la cual se ha venido tejido voluntaria e involuntariamente una tupida malla de intereses personales y políticos que han puesto en jaque la política peruana así como la legitimidad del régimen político mesocrático. En relación a este contexto, como no podía ser de otra manera, la subjetividad individual y social (creencias, valores, pensamientos, maneras de sentir y actuar) que se ha venido configurando en los últimos años ha sido una subjetividad encrespada de ideas, creencias y certidumbres con tendencia a la polarización social y política que, desde el ángulo de lo subjetivo individual tiene una densidad propia diversa y compleja dependiendo del lugar social e histórico en que se ubican los sujetos sociales. El ciudadano de a pie, así, procesa su subjetividad de   una manera diferente a la forma como la procesan los gobernantes, funcionarios y los políticos como, en este caso, la procesó el ex – presidente Alan García. La forma como se procesa la subjetividad individual depende de la biografía personal de cada sujeto en su contexto inmediato de vida, sin que exista una relación de causa-efecto entre el contexto y la subjetividad particularmente en cuanto a las respuestas del sujeto individual a los estímulos de su contexto. Por ello ante la certidumbre de una prisión preventiva Alan García respondió drásticamente desde su subjetividad con el suicido, antes de ir preso y enmarrocado. Otro sujeto político indudablemente que no va a responder de la misma forma ante las mismas circunstancias, sino tendríamos una cadena interminable de suicidios en el país. Sólo el rabioso derechismo  dogmático de un Rafael Rey y Mulder pueden pensar estúpidamente que la causa del suicidio de Alan García se encuentra en los fiscales que fueron a detenerlo y registrar su vivienda, o en el Presidente Vizcarra, rebajando a la persona de Alan a una simple marioneta de las circunstancias, sin la libertad moral en su subjetividad para tomar una decisión absolutamente personal entre otras posibilidades. Y son más sorprendentes todavía estas alucinantes declaraciones cuando contradictoriamente por un lado se delira señalando   a los fiscales como los productores del suicidio y, al mismo tiempo, se sublima la actitud del suicida señalando que se trató de una actitud “viril”, “digna” y “enaltecedora”. En esta ideación ¿cómo se puede ser “viril” y enaltecedor dominado mecánicamente por las circunstancias, sin conciencia moral del acto moral y libertad para asumir voluntariamente una decisión como la que se tomó? No cabe duda que al quererse aprovechar políticamente el suicidio de Alan García empequeñecen y deforman al suicida y su decisión extrema, arrebatándole su capacidad moral que lo condujo a tomar la decisión que tomó.

Hipotetizando sobre la decisión del suicida Alan García por auto-extirparse físicamente de    este mundo real, habría que anotar lo siguiente: Alan García disponía evidentemente de una conciencia moral y capacidad moral para tomar decisiones de motu proprio configurando sus actos morales con entera libertad, como lo ha hecho siempre en todo lugar y tiempo en las buenas y las malas. En esta situación su decisión subjetiva que tuvo como principal objeto de decisión moral su implicación personal en la investigación por actos de corrupción y previsibles desenlaces futuros, escapa a la normalidad subjetiva que no trasciende hasta una decisión moral final (la muerte), para adoptar una decisión radicalmente moral guiada por su propia jerarquía de valores donde el más alto valor no es el de la vida sino posiblemente los del honor  que el suicida buscó cuidar por lo menos en la forma. Ante una prefiguración personal y realista de carcelería humillante y vituperio público que destruye al homo politicus en sus arterias vitales existenciales traducidas en el honor, el Yo personal decide autonegarse como una suerte de escapatoria al dolor profundo de esta destrucción que al mismo tiempo se convierte, por el hecho mismo de su negación física, en una especie de recuperación abstracta y trascendente en algún sector de la mentalidad colectiva. Un acto en el cual la auto-negación del Yo por este camino tiene la ventaja de producir una separación del Yo real negado con el Yo trascendido en la memoria colectiva y la historia social, particularmente en los sujetos políticos de alta consistencia subjetiva como Alan García cuya subjetividad sólo podía tener sentido y razón de ser en la intersubjetividad, más allá de sus hechos reales como político fáctico y delitos que haya podido cometer y que el Poder Judicial se encargará de demostrar seguramente.

                                                                   Arequipa, 19/04/2019.

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